jueves, 20 de agosto de 2015
Y con un tono entre enojada y triste ella dice:
- ¿Y qué sabes tú de mí?
- ¿Que se de ti? – dijo él, con voz fuerte y segura.
- Sé que a veces duermes abrazando a la almohada con todo tu cuerpo
- Sé que cuando haces pataletas, las haces donde nadie puede verte para así no dar explicaciones
- Sé que a pesar de querer parecer fría estás llena de emociones que te invaden y transforman
- Sé que es tanto lo que llegas a sentir, que tu estomago ha pagado las consecuencias
- Sé que a ratos te imaginas todo lo que hemos soñado juntos y sientes como si el cielo te visitara
- Sé que me quieres y que sabes que te amo, tanto que cuando te lo digo, a ratos te estremeces como si lo escucharas suavemente en tu oído y me sintieras junto a ti
- Sé que tarde o temprano sabes y no olvidarás mucho de lo que te digo, pues no solo son palabras, pues has llegado a sentirlas como si fueran caricias
- Sé que… - y ella interrumpiendo algo nerviosa dijo- me tengo que ir, adiós.
- Pero… - dice él, pero ya era tarde, ya ella había decidido abandonar la conversación.
Luego de eso, la muchacha no dejo de pensar en cada palabra y cuantas otras antes él había usado, no comprendía como ni porque alguien tan lejano la hacía sentir así, como podía ser que una persona que jamás había visto en persona, ni tocado, podía revolverle tanto el alma que lograba hacer de sus días algo totalmente nuevo, inexplorado, algo que le provocaba la sensación de caminar dormida, como flotando. Nerviosa porque notaran lo que le ocurría se forzaba a actuar como la conocían habitualmente; haciéndose la ruda, diciendo cosas graciosas, riéndose de cada cosa que pudiera para así no pensar en las palabras que había recibido, pero era imposible. Si hubiese en ese momento estado su madre, quien claramente conocía cada expresión de ella, hubiese podido notar en su mirada como se perdía en esas palabras que una y otra vez daban vuelta en su cabeza, revolviendo su estómago, entrecortando su respiración mientras fingía carcajadas para ocultar sus sentimientos. Pero no podía ceder, no se lo permitiría, ya en el pasado había cedido y su corazón estuvo al borde de la muerte, de una vida sombría marcada por la crueldad de haber sido lastimada por la persona en quien ella más confiaba, aquella que amó con todo su ser, antes de actuar como lo hace ahora… ceder nuevamente ante esto no era opción para ella. Prefería vivir toda su vida entre juegos y mentiras que volver a caer en el abismo de necesitar a alguien, más aún a este muchacho que bien vivía lejos y tal vez jamás haría todo lo que le decía.
Pero algo era diferente en este caso, ya no es la primera vez que él cambiaba su mundo, no es la primera vez que logra reconfigurar su habitual y tranquila vida, no es la primera vez tampoco que entre sus “te quiero” y sus promesas, comete errores y borra todo lo bonito y nuevamente comienza de cero, no quería sentir nada por él, no quería sentir nada por nadie se decía ella, pero él, a pesar de todo lo que intentara evitarlo, entraba en su cabeza y se paseaba por cada rincón queriendo derribar toda muralla que ella había creado, queriendo borrar cada mal recuerdo que ella guardada, y tal vez ahí estaba el error, pues los recuerdos no se deben borrar por malos o desagradables que fuesen; los recuerdos, a la verdad, son necesarios para tener antecedentes del crecimiento, de las experiencias que han llevado a las personas a lo que son en el presente, él solo debía ser paciente y aprender a usar todo lo que ella le permitía tener, usarlo a su favor como usaría un artesano el cuero, el barro o el elemento con el que decidiera trabajar, usar lo que ella le permitía tener como la materia prima para crear una canción, una pintura, tal vez un libro, pero usarlo bien, pues en su interior, de una forma tal vez pequeña y levemente esperanzadora, ella a ratos, quería que fuese él quien cambiara su mundo. Hacer de cada mañana algo nuevo, de cada tarde una sonrisa inagotable y sincera, de cada noche un cálido recuerdo lleno de eso fuego que decía no poseer, pero la invadía por mucha resistencia que ella oponía.
El día casi había pasado, por lo que veía, nadie había notado su nerviosismo constante tras las palabras que no dejaban de acosarla, una y otra vez recorrían su mente como manos acariciando su cuerpo, sentía que mientras más recordaba aquella conversación, mas desnuda estaba. Comenzó a sentir que las personas notaban su desnudes, el rubor ya se estaba notando en su rostro y la temperatura parecía estar elevándose. Miraba las ventanas del vagón al que había subido para llegar a casa, y todas se encontraban abiertas, el aire acondicionado funcionaba perfectamente, incluso al mirar a las personas las veía con algo de frio; pero ella no, ella tenía calor, al compás de cada palabra sentía más y más calor, su respiración se agitaba, su rostro se enrojecía y su pecho ardía, su cuerpo temblara, pero quería creer que se debía a algo que comió y le hizo mal – sí, eso debe ser- se dijo queriendo engañarse, pero sabía perfectamente que lo que le sucedía en ese momento no era más que el hecho de que se había dejado envolver en esa palabras como si él estuviera con ella en ese momento, en el metro, desnudándola frente a todos como si la vergüenza no existiera. El tren se detuvo, era la estación donde debía bajar, tomó sus cosas y rápidamente sale de ahí queriendo llegar a casa para que nadie notara lo que le pasaba, llegó corriendo a casa y temblando saca las llaves de su cartera, ni siquiera sabía cuál era la llave y durante unos segundos más de lo habitual estuvo en la puerta intentando entrar, la ven y la saludan, pero ella nerviosa solo asiente con la cabeza mientras arroja una sonrisa fingiendo de que todo estaba bien.
Al fin logra entrar y la mamá la espera con la paciencia y el cariño de costumbre, no le podía hacer el quite a la cena familiar, ahora una nueva aventura se aproximaba tratando de evitar que su familia, quienes más la conocen en el mundo, notaran algo extraño en ella, se sentó a la mesa luego de besar al papá, pero hasta eso le revolvía todo; su padre, una imagen masculina que le recordaba solo por el hecho de ser hombre al creador del caos que estaba sintiendo, preguntándose si el aroma de aquel muchacho sería similar al de su padre, o realmente como sería: dulce, ácido… - ¿olerá a bosque?- se preguntó- a él le gusta la naturaleza- pero solo fueron segundos pues por poco y descubrían que no estaba como habitualmente. Se sentaron a la mesa mientras conversaban de su día, la mamá hablaba de una teleserie de la tarde y de lo que hablaban en el negocio de la esquina cuando fue a comprar, el papá hablaba de lo duro del trabajo y ambos sobre cómo estaba el país en este gobierno, pero ella no escuchaba nada, solo oía una y otra vez esas palabras de la mañana antes de salir, ¿Cómo?, ¿Cómo podían esas palabras, nada fuera de lo normal, si nos vamos al hecho de que era hermosa , siempre recibía halagos y propuestas serias y no tan serias por hombres de todo tipo, y cada uno no lejano como este muchacho, todas eran ofertas que se podían cumplir con el solo hecho de decir que si, esas palabras, las más distantes de todas, conmover tanto su mundo haciendo que el día solo de redujera a pensar en él, en sus palabras en cómo sería si…?. El nerviosismo fue tanto que no notó a la primera oportunidad que le estaban preguntando algo, pero rápidamente luego de escuchar lanzó un comentario de lo primero que se le vino a la mente, referente a su trabajo… -mucho trabajo por lo visto- dijo el papá, pero la mamá la miro algo más condescendiente y sonrío de una manera tan sutil que nadie pudo fijarse o distinguirla.
-Gracias por todo- dijo y se retiró a descansar.
La mamá, mirando a su esposo le dijo –déjala, ha tenido un día de locos.
Ella subió su habitación y mientras preparaba sus cosas para el día siguiente y se alistaba para ir a ducharse, no podía evitar fijarse en el espejo, mirarse cuidadosamente cada línea de su cuerpo, de su cabello largo y sus ojos grandes y llenos de luz, de pensar en palabras que ese muchacho le decía en conversaciones, y sin darse cuenta lo vio en el espejo detrás de ella, acariciándola, besando su cuello y mientras miraba al espejo para cruzar una mirada llena de vida decirle al oído cuanto la amaba. En qué momento dejó de ser imaginación y pasó a ser algo mas no lo recuerda, pero durante minutos sintió sus manos acariciarla, recorrer sus piernas con suavidad, sus pechos como si sus manos solo fueran una brisa cálida que la envolvía, sentía su respiración en su rostro mientras el rubor recorría sus mejillas y sus manos jugaban a tocarlo y no querer soltarlo más. Cuando volvió en sí, ya estaba temblando una vez más y el calor que sentía era inmenso, menos mal, pensó ella, que nadie entraba a su cuarto para ver la escena que recién había ocurrido en su habitación. La ducha estaba lista, el agua tibia como a ella le gustaba, encendió los inciensos que de costumbre encendía para la hora de su baño y puso un poco de música para distraerse, el agua comenzó a caer sobre ella cubriendo cada espacio de su piel, mientras se recorría con sus manos y quitaba el jabón de su cuerpo y el shampoo de su cabello, tal vez por el ambiente, tal vez porque no se lo quitaba de la cabeza aún, quien sabe… ella recorriéndose nuevamente lo volvió a imaginar, más cerca, más suyo, no se contuvo para sentirlo mientras el agua era testigo de esos deseos que se esforzaba tanto en ocultar; ahí nadie sabría, y el agua se llevaría toda huella de su más grande secreto. No se detuvo hasta casi caer por la debilidad de sus piernas en ese momento. Salió de la ducha se secó y - aquí nada pasó- se dijo ella, creyendo que era así de simple.
Se conectó para ver si había algún mensaje, pero al mismo tiempo no quería leerlo en caso de haber, pensaba que si le contestaba enseguida demostraría un interés del cual él podría aprovecharse y eso jamás ella lo permitiría. Respiró, leyó algunas cosas, revisó su página, para saber si estaba bien, escuchó música y rió con amistades hasta olvidar por unos minutos todo lo que durante el día la había envuelto… -ya estoy mejor- se dijo, y decidió ir a dormir, con un poco de sueño puso música, algunos temas que había visto en la página de él, que él decía le ayudaban a calmar las ideas, pero a pesar de que la música era, tal vez ideal para calmar ideas, no era la indicada para la ocasión pues le trajo en segundos nuevamente la imagen del joven y cada una de sus palabras. Acurrucada abrazando a la almohada con todo su cuerpo, lo imagino nuevamente, junto a ella, cara a cara, diciéndole las palabras que repetidamente recordó durante todo ese día, ya ahí imaginado junto a ella, lo desnudó con sus pensamientos y decidió hacer lo mismo, apretaba la almohada como si fuera el cuerpo de quien no quisiera dejar ir jamás, abrazaba la almohada como sintiendo su espalda, su cuerpo casi sobre ella, llenándola de lo que en ese momento quería, usó sus manos como una extensión de él y mientras sentía que el cielo llenaba su cuarto, mientras sus oídos solo sentían un éxtasis de melodías, como tal vez un clásico de Mozart o Beethoven, miles de imágenes pasaron frente a sus ojos cerrados y en todas ellas se encontraban juntos , apasionados, libres. Mientras más su imaginación proliferaba, mas sus manos y su cuerpo se estremecía ante lo que ya en ese momento era la personificación del deseo. En un acto rápido y silencioso mordió la almohada mientras su cuerpo temblaba una y otra vez, mientras las imágenes explotaban en su cabeza, mientras todo en su habitación se transformaba. Se quedó dormida con cada palabra resonando de fondo como susurro, y las imágenes que había creado, como móvil de bebé girando en torno a ella, durmió como muchas veces hubiese querido y al mismo tiempo deseando a ratos que se volviera real. Digo a ratos, porque a pesar de la inmensa sonrisa con la que despertó, una que iluminaba más aún que el sol, ella no se podía permitir ceder ante nadie, ni ante él, que lo deseaba desde más profundo.
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