martes, 6 de octubre de 2015


imagen sacada de Internet 

Muchas son las teorías que hablan como murió aquel joven esa noche, y la mayor parte de ellas habla de que tarde o temprano pasaría, cambiando sólo algunos factores en la historia escuché como decían que estaba aburrido de su vida hasta que fue un problema entre pandillas, que al encontrarlo sólo lo atacaron y mataron. Pero entre Todas aún mi instinto me decía que algo debía existir mas allá de este asesinato, para no era un asesinato mas, no podía dejar de intrigarme hasta el punto en que compré todos y cada uno de los periódicos en que aparecía la noticia, para así encontrar la respuesta a la inquietud que sentía.
Hasta que en uno de los artículos en la sección de crímenes encontré que a no muchas calles del lugar en que aquel joven había sido asesinado, se encontró una joven brutalmente golpeada y con vestigios de un intento de ultraje que no se efectuó. Entonces decidí ir por lo que para mí era el resto de la historia.

Siendo el día sábado 12 de abril con ya casi tres días de no dormir a causa de la preocupación que me causaba el estado de la muchacha, ya que se encontraba muy grave y los médicos hablaban de una recuperación muy lenta y hasta la muerte de ella por la condición en la que había llegado. Llevaba ya tres días en el hospital sin ninguna esperanza cambio cuando de repente abre los ojos y su estado mejora considerablemente, fue cuando hablé con los médicos para poder hacerle algunas preguntas y como si ella me estuviera esperando no pudieron negarse, advirtiéndome que fuera muy cuidadoso ya que a pesar de la milagrosa recuperación, creían que durara mucho. Y a las 18:45 del día 12 con un café en el velador, y lápiz papel en la mano. Estaba escuchando una historia diferente a todas las publicadas, mi instinto no me había fallado, la muchacha conocía la verdad de lo ocurrido aquella noche y decidí escucharla…


Eran las 08:30 de la mañana y Miguel llegaba de su entrenamiento diario que hacia oculto en algún lugar de la playa. Luego, una hora más tarde salía de su hogar con destino al instituto, vestido con sus jeans gastados, su polera negra y sus bototos del ejército. No era extraño verlo comiendo los últimos bocados de una manzana, parte infartarte en su desayuno mientras salía algo apurado de su casa...- decía ella.

... En los patios del instituto siempre lo veía tendido en el césped mirando las nubes hasta ser interrumpido por un compañero algo nervioso que le mostraba algún cuaderno, entonces Miguel tomaba uno de sus cuadernos y se lo pasaba para que se fuera. Así ambos se levantaban y tomaban rumbos diferentes, uno hacia los baños y Miguel hacia el patio trasero del instituto. “Decían que el patio trasero se mantenía cerrado a causa de un accidente ocurrido tiempo atrás y que aún no estaba aclarado”, pero aún así este se seguía ocupando por algunos alumnos para no ser interrumpidos en sus peleas. Decidí seguirlo y ver que es lo que pasaba, cuando veo al profesor avanzar a la sala y recordé que tenía examen, con tanta inquietud no fue mucho lo que pude concentrarme y luego de algunas respuestas al azar, entregué el examen y salí de la sala, entonces corrí hacia el patio trasero y cuando estaba a punto de llegar a los paneles que cierran el paso a toda persona, de entre una o dos tablas sueltas que son el único acceso, sale Miguel un poco magullado y con algo de sangre, preguntándome algo severo:
- ¿Qué haces aquí, no sabes que está prohibido acercarse a este lugar?
- Este…, yo..., estás sangrando, quieres que te ayude- le dije muy nerviosa.
- ¡No!- dijo cortante.
- Bueno, supongo que si en dirección llegan a saber que el patio trasero se está ocupando como campo de batalla de los alumnos, las expulsiones estarán a la orden del día…- dije algo sarcástica y me di la vuelta. 
- ¿Qué quieres?
- Solo quería ayudarte con tus heridas.
- Creo que no tengo otra alternativa, así que salgamos de aquí y vamos al otro patio.

Mientras iba por mi mochila, Miguel quien temía ser delatado y expulsado del instituto, me esperaba bajo la sombra de uno de los árboles más frondosos del patio. Yo no podía creer el carácter con el que me enfrenté a Él ya que desde que lo conozco ni siquiera me atrevía a saludarlo y eso que vivíamos en la misma cuadra. Cuando llegué, me senté junto a Él a limpiar sus heridas y de pronto: 
- Soy Miguel- me dice.
- Me llamo Dánae.
- Disculpa, creo haberte visto antes pero…
- Si, vivo en tu cuadra, hace dos años a mi padre lo cambiaron de sección y fue trasladado a esta ciudad.- mientras presionaba con algodón y desinfectante una de sus heridas- ¿te duele?
- No
- ¿Te puedo preguntar algo?
- Supongo que si
- ¿Porque peleas?, porque no es la única vez que te he visto de esta manera y es mas, hablan de ti como un pandillero.
- Este...?, creo que fue comenzó hace tres años, cuando entré al instituto, iba de regreso a casa cuando en un callejón veo como unos tipos de otro instituto goleaban a un compañero, entonces decidí intervenir con el fin de detener la masacre y al verlos venir hacia mí no me quedó otra que defenderme. Soy el menor de cuatro hermanos y mamá murió cuando aún era pequeño, desde entonces me crié bajo la ley del más fuerte, no me fue difícil derrotar a untar de muchachos de mi edad. Al verse derrotado no dudaron en prometerme acabar conmigo y desde entonces no han parado las peleas y siempre algún tipo de otro instituto planea atacarme de sorpresa, entonces aquel compañero me mantiene informado de cada movimiento y rumor que escucha, dice que es lo mínimo que puede hacer ya que se siente culpable de que pelee. Pero no le sirve de mucho porque en vez de huir voy donde estén y me les enfrento… 
Interrumpiéndolo algo alterada le digo- pero no es acaso peligroso?, es tu vida la que está en juego, no la de tu compañero.
- Tal vez sí, pero tarde o temprano hubiera ocurrido, de no haber estado él sino cualquier otra persona la historia no cambiaria en nada. Además no me agrada eso que las pandillas quieran tener el control – y cambiando de un rostro serio y de pocos amigos por uno más sociable, pregunta:
- ¿y cómo es que llevas un botiquín de primeros auxilios en tu mochila?
- ¡es que uno nunca sabe lo que puede pasar! - respondo nerviosa de que allá notado mi interés en Él.
- Ah, claro, este… ¿qué te parece si nos vamos juntos?, ya que vivimos cerca puedo ir a dejarte.
- Si, claro- mientras mi rostro mostraba una leve sonrisa. Aunque en realidad creía estar soñando, no sólo había atrevido a hablarle, sino que curé sus heridas y seria escoltada por Él hasta mi hogar. Me pellizqué para saber si no era sueño, pero el dolor en mi brazo me dio la agradable noticia que todo era real. 
- Disculpe señorita, pero quisiera saber más sobre lo ocurrido hace 4 días atrás, el día viernes 8 entre las 21:50 y las 22:15…
- Por favor- Interrumpió con un llanto que hasta este momento recuerdo. – Déjeme terminar, todos lo juzgan, aún su familia cree que fue el resultado de su rebeldía, pero yo, yo si conocí como era en realidad- sin parar de llorar.
- Lo siento señorita, mi intención no fue hacerla llorar no herirla, lo siento, la escucho- le digo triste y nervioso.

Miguel y yo nos juntábamos con frecuencia a partir de ese día, eso me alegraba ya que me hacia sentir segura y no tendría que preocuparme por que estuviera peleando. Estaba junto a mí hablándome, haciéndome reír, revelándome sus sueños e ideales, sus inquietudes y tristezas.
Un día, cuando la luna iluminaba la noche, vi su rostro decaer bajo un cielo hermosamente estrellado y sus palabras hirieron mi corazón como una espada hiere a su enemigo. Le oí decir con sus ojos llenos de lágrimas, luego de ver pasar una estrella fugaz, lo duro que le tocó crecer sin su madre. Por la diferencia de edad entre sus hermanos y Él, muchas veces lo trataron de estorbo. Además su padre, luego de la muerte de Alice la madre de Miguel, cayó en adicción al alcohol y cada vez que llegaba borracho al hogar, golpeaba a Miguel culpándolo por la muerte de su madre, en general su padre y hermanos veían en Él a un asesino, alguien quien acabo con la prosperidad que acabo cuando nació. 
Creció escuchando “¿por qué no fuiste tú quien murió?”, incluso Él a veces, dejando caer sus lagrimas, se hacía la misma pregunta. Se decía que sui su madre no hubiera muerto, su padre no sería un alcohólico y su hermano mayor no se hubiera ahorcado, sentía tanto dolor por cada suceso de su vida que en medio de las peleas buscaba salida a su desesperación queriendo encontrar la muerte.

Yo no sabía que decirle, sólo lloraba por todo lo que me había contado, cuando de repente giró hacia mí secando mis lágrimas con sus manos dice:
- ¡No llores, te vez más linda cuando sonríes!

Sólo alcance a decir gracias cuando cambiando el rostro comenzó a decir:
- No he dejado de estudiar, tengo excelentes notas, si sigo así en poco tiempo seré un profesional y ayudaré a mi padre a salir del alcohol, y se dará cuenta que no soy un inútil. Ya que mis hermanos están lejos y tal vez casados, seré quien se encargue de Él, así se dará cuenta de lo mucho que lo quiero. 
Fue cuando no resistí más y lo besé, su rostro estaba colorado y temblaba como si nunca antes hubiera besado, me miró con un rostro felizmente sorprendido y me besó.
Pasaron los días y nos seguíamos viendo, peleaba menos y eso me tranquilizaba, de vez en cuando me tocaba sacar el botiquín de la mochila, pero sólo para heridas leves. Una tarde se me ocurrió ir al mall a comprarle un obsequio ya que su cumpleaños estaba a pocos días y no me di cuenta como pasó a hora, pues ya era muy tarde para mí. Corrí a casa por la calle 13 cuando poco antes de llegar al restaurante chino me vi rodeada por tres delincuentes quienes me llevaron al final de callejón queriendo robarme el regalo y dinero que traía, todo se me nubló, no podía gritar, me sentía desesperada con mucho miedo y lloraba... 
Luego entregando todo lo que les podría ser útil creí que me iban a soltar, entonces uno comenzó a tocarme y romper mis ropas, arañé su rostro e intenté escapar, pero resultó inútil y comenzaron a golpearme hasta que quedé inconsciente.

En eso Miguel pasaba por ahí y corrió a un teléfono y llamo a la policía, volvió donde estaba yo, casi inconsciente y se les enfrentó a los maleantes, estos lo siguieron un par de cuadras dejándome en el callejón junto con mi regalo. Fue la última vez que vi vivo a Miguel, su rostro lleno de rabia mirando a esos tipos y saltando sobre el mas solitario y cercano a Él, luego salir corriendo para estar seguro de que no siguieran lastimándome, en ese momento cierro los ojos y despierto acá donde usted me ve, contando la verdad de lo ocurrido esa noche.

- ¿Quiere decir que usted no sabe lo que sucedió después?- pregunto.
- Se que murió y que todos dicen que se lo merecía, por eso quise que usted me escuchara y diera a conocer la verdadera historia- Lo hará cierto?.
- Señorita, tenga por seguro que esto estará publicado mañana mismo, le agradezco su tiempo y si en algún momento fui imprudente, le pido disculpas. 
- No se preocupe, me interesa que el padre de Miguel sepa cuanto lo amaba su hijo, hasta luego Sr. Stuardo
- Hasta luego señorita Dublín


En realidad la historia por ella contada era muy diferente al resto y no cabía duda de su veracidad. Salí de la habitación con una noticia que cambiaría todos los últimos encabezados, tenía en mi mano una primicia, me sentía satisfecho, cuando al llegar al final del pasillo escucho “Dr. Thompson sala 16“, en esa sala se encontraba la muchacha, corrí para saber lo que ocurría y cuando llegué me entristeció saber que aquella muchacha quien lucho por vivir, había fallecido. Los médicos dicen que era de esperarse, pero cuando la vi, estaba tan bien como si no sintiera dolor alguno.
Salí del hospital muy confundido, y la historia daba vueltas por mi cabeza una y otra vez, hasta llegar a mi hogar en donde dedique todo mi esfuerzo en que hasta la más mínima palabra fuera como ella la dijo. 
12 de abril por la noche, mañana era cumpleaños de Miguel, cuando a todo lo descrito por Dánae quise añadir aquello que dio vueltas y vueltas en mi cabeza. “El misterioso hecho de su milagrosa recuperación luego de días en estado de coma, y que pocos minutos después de narrar lo que para ella era necesariamente importante y asegurarse que yo la editara para que todos, en especial el padre de Miguel, conocieran la verdad, tan fugaz como una estrella en el cielo fue su recuperación y ocaso.
Como si por amor a su héroe reuniera las pocas fuerzas que le quedaban en un afán ardiente de inmortalizar el corazón de su amado. “Misterioso?, tal vez, mágico diría yo, amor del verdadero, capaz de derribar cualquier frontera, incluso una tan fuerte como la muerte.”

Minutos después vi mi necesidad reflejada en esta historia, estaba dedicando demasiado tiempo a mi trabajo dejando de lado algo muy importante, aquello que da vida y la quita, el amor. Entonces tomé el teléfono… 

- Hola, cómo estás?, últimamente te he dicho cuanto te amo?, pues te amo… y mucho.

viernes, 11 de septiembre de 2015

(imagen al azar, sacada de internet)
Ya estaba fuera del lugar que le habían recomendado, tenía algo de miedo pues era su primera vez y aún se cuestionaba si era conveniente entrar. Luego de unos minutos fuera, mientras las personas pasaban a su alrededor y él se sentía aún más incómodo al sentirse observado, se armó de valor y decidió cruzar las mamparas de ese local con letras enormes en su entrada y muchos colores… paso a paso fue avanzando en lo que para él era un mundo nuevo y cuando la primera mujer que atendía el lugar se le acercó para preguntarte que se le ofrecía, su voz huyó de su boca mientras algo titubeante su mano se movió apuntando hacia delante como si supiera a quien buscaba. No dejó de avanzar lentamente hasta que llegó cerca de un grupo de mujeres las cuales lo miraron enseguida, se armó de valor y decidió abrir la boca para poder lograr una voz firme y poder terminar pronto lo que iba a hacer y así no seguir sintiendo como si todo le diera vueltas.
-busco a Mariana- dijo
y en ese momento una morena de ojos de aceituna se levanta y se acerca diciendo - tu eres el amigo de…
-si- dijo interrumpiéndola.
En ese momento ella le indicó que la siguiera y caminó hasta llegar a unas escaleras y subir por ellas, el lugar a la verdad era bastante bonito, muy bien decorado, hasta el aroma era muy placentero: siguió uno a uno sus pasos preguntándose si realmente eso era lo que quería, pero ya estaba ahí y no era de aquellos que daba vuelta atrás, mucho menos después de estar tan inmerso en su cometido. Siguió avanzando, recorriendo los mismos pasos de su anfitriona, hasta llegar a una puerta que suavemente ella abría y le decía que se acomodara para comenzar a lo que iban. Sin pensarlo, dejó los bolsos de lado lentamente para que no se le notara nerviosismo, lo mismo hizo al quitarse la gorra y acomodarse en el lugar que ella con sus manos armoniosas y de apariencia frágil. Ya viéndolo algo más relajado, ella decidió preguntarle qué es lo que le gustaría y durante unos minutos mantuvieron una conversación de lo que en aquel lugar sucedería.
Mientras avanzaban los minutos y el lugar comenzaba a sentirse más abrigado, cálido como un lugar familiar, tal vez por el aroma ya que a él desde pequeño que siempre le gustó la miel y ese lugar tenía ese mágico aroma que le recordaba incluso su infancia, su primera locura pasional, tantas experiencias con la miel como testigo, que dejó de sentirse nervioso y se fue entregando en manos de una mujer con piel canela que suavemente se acercaba… El calor se sentía, su rostro de a poco se acaloraba y volvía a su temperatura normal, o por lo menos eso creía. Las manos de ella eran tan suaves mientras lo tocaban, sentía como si estuviera siendo envuelto por una seda tibia y aromática.
Ni idea como pasó el tiempo, mucho menos de como ella logró hacer de ese momento algo digno de ser recordado, pero como todo negocio tiene un límite y esta no era la excepción… Ella se levantó, ordenó algunas cosas y dijo que lo esperaría en donde debería pagar por todo. Mientras él se vestía, se miraba al espejo para ver si encontraba algo diferente, se preguntaba si al salir de ahí se notaría que ya no era el mismo que entró. Pasaban tantas cosas por su cabeza, entre que dirían si lo vieran quienes lo conocían hasta las expectativas referentes al ego por lo que acababa de hacer, mientras pensaba en todo eso se arregló, tomó la gorra y sus bolsos, se ordenó la ropa un poco y se amarró el cabello, se aseguró de que no se le olvidara nada y bajó donde estaba la mujer con piel canela, la miro, recibió un papel de sus manos y se despidió agradeciendo por todo. Abrió la puerta para retirarse y las calles parecían el doble de recurridas de lo que estaban antes de entrar, pero ya recordaba la sensación, sabía entonces cómo comportarse pues el paso ya estaba dado y el acto estaba finalizado. Respiró y mientras salía encendió un cigarrillo, que tranquilidad, ya había pasado por algo que durante horas lo inquietaba, no sabía si había hecho bien o no, solamente sabía que se sentía bien, sentía calma en sus ideas, en la forma habitual de ser, hasta en su respiración… Sus pasos, ligeros como si flotara, acompañando con su ritmo a su silueta envuelta en el humo del cigarrillo le daban un aire de misterio a sus ideas, su mirada se veía como si estudiara el universo en una ojeada: Y mientras acaba su cigarrillo, mirando a su alrededor durante una intensa inhalación del mágico aire del puerto se dice con seguridad – seguiré viniendo, con una sonrisa de satisfacción en su mirada.

"Una Visita a la Barbería"

domingo, 30 de agosto de 2015





Nada pudo evitar que sintiera tal atracción cuando lo miró por primera vez, fue como amor a primera vista. Los instantes posteriores fueron como una película en cámara lenta, pues cada paso se vivía con esplendor, con esa sensación que quema el pecho e invade la mente de muchos artistas. Cuando ya el contacto fue evidente, ella acarició suavemente su cubierta queriendo lograr una conexión con él y como si fuesen hechos el uno para el otro, ella sintió aquella melodía que le indicaba que no se había equivocado... Por cada decisión que tomaba, buscaba sentir en su interior un símbolo de que hacía lo correcto y ya con el tiempo ese símbolo se transformó en una melodía tan suave e hipnótica que sentía que el paraíso se acercaba a ella... Sin querer parecer osada lo llevó a su hogar, queriendo hacer de su compañía una frecuente fuente de alegría y satisfacción. Con el paso de los días, llegaba de su trabajo anhelando poder desnudarse antes sus palabras, sentir que volvía su vida con cada frase que de él recibía, sentir su textura y en la intimidad de su cuarto, donde sólo existían ellos, donde el universo se transformaba a su gusto, donde no habían limites que pudiesen impedir su placentera felicidad... ella dejaba notar un leve sonrojamiento en sus mejillas como quinceañera enamorada, y sus ojos brillaban como si en ellos el mismo cielo se posara con sus millares de estrellas... la pasión que emanaba de su piel y su mirada eran tan abismante que cualquiera que la mirara quedaría consumido ante sus ojos, su piel suave y su cabello que danzaban al compás de la música que usaba de fondo para este tipo de ocasiones, pues siempre decidida pensó en hacer las cosas y hacerlas bien... por eso cada segundo de su vida lo vivía con absoluta pasión, ya que sentía en su corazón que sólo así se debía vivir... y aquel libro, libro que vio en una vitrina, libro que encontró en un suspiro de su dolor, que la acompañó a su hogar, se había transformado en el comienzo de su nueva felicidad. 

jueves, 20 de agosto de 2015






Y con un tono entre enojada y triste ella dice:
- ¿Y qué sabes tú de mí?
- ¿Que se de ti? – dijo él, con voz fuerte y segura.
- Sé que a veces duermes abrazando a la almohada con todo tu cuerpo
- Sé que cuando haces pataletas, las haces donde nadie puede verte para así no dar explicaciones
- Sé que a pesar de querer parecer fría estás llena de emociones que te invaden y transforman
- Sé que es tanto lo que llegas a sentir, que tu estomago ha pagado las consecuencias
- Sé que a ratos te imaginas todo lo que hemos soñado juntos y sientes como si el cielo te visitara
- Sé que me quieres y que sabes que te amo, tanto que cuando te lo digo, a ratos te estremeces como si lo escucharas suavemente en tu oído y me sintieras junto a ti
- Sé que tarde o temprano sabes y no olvidarás mucho de lo que te digo, pues no solo son palabras, pues has llegado a sentirlas como si fueran caricias
- Sé que… - y ella interrumpiendo algo nerviosa dijo- me tengo que ir, adiós.
- Pero… - dice él, pero ya era tarde, ya ella había decidido abandonar la conversación.

Luego de eso, la muchacha no dejo de pensar en cada palabra y cuantas otras antes él había usado, no comprendía como ni porque alguien tan lejano la hacía sentir así, como podía ser que una persona que jamás había visto en persona, ni tocado, podía revolverle tanto el alma que lograba hacer de sus días algo totalmente nuevo, inexplorado, algo que le provocaba la sensación de caminar dormida, como flotando. Nerviosa porque notaran lo que le ocurría se forzaba a actuar como la conocían habitualmente; haciéndose la ruda, diciendo cosas graciosas, riéndose de cada cosa que pudiera para así no pensar en las palabras que había recibido, pero era imposible. Si hubiese en ese momento estado su madre, quien claramente conocía cada expresión de ella, hubiese podido notar en su mirada como se perdía en esas palabras que una y otra vez daban vuelta en su cabeza, revolviendo su estómago, entrecortando su respiración mientras fingía carcajadas para ocultar sus sentimientos. Pero no podía ceder, no se lo permitiría, ya en el pasado había cedido y su corazón estuvo al borde de la muerte, de una vida sombría marcada por la crueldad de haber sido lastimada por la persona en quien ella más confiaba, aquella que amó con todo su ser, antes de actuar como lo hace ahora… ceder nuevamente ante esto no era opción para ella. Prefería vivir toda su vida entre juegos y mentiras que volver a caer en el abismo de necesitar a alguien, más aún a este muchacho que bien vivía lejos y tal vez jamás haría todo lo que le decía.


Pero algo era diferente en este caso, ya no es la primera vez que él cambiaba su mundo, no es la primera vez que logra reconfigurar su habitual y tranquila vida, no es la primera vez tampoco que entre sus “te quiero” y sus promesas, comete errores y borra todo lo bonito y nuevamente comienza de cero, no quería sentir nada por él, no quería sentir nada por nadie se decía ella, pero él, a pesar de todo lo que intentara evitarlo, entraba en su cabeza y se paseaba por cada rincón queriendo derribar toda muralla que ella había creado, queriendo borrar cada mal recuerdo que ella guardada, y tal vez ahí estaba el error, pues los recuerdos no se deben borrar por malos o desagradables que fuesen; los recuerdos, a la verdad, son necesarios para tener antecedentes del crecimiento, de las experiencias que han llevado a las personas a lo que son en el presente, él solo debía ser paciente y aprender a usar todo lo que ella le permitía tener, usarlo a su favor como usaría un artesano el cuero, el barro o el elemento con el que decidiera trabajar, usar lo que ella le permitía tener como la materia prima para crear una canción, una pintura, tal vez un libro, pero usarlo bien, pues en su interior, de una forma tal vez pequeña y levemente esperanzadora, ella a ratos, quería que fuese él quien cambiara su mundo. Hacer de cada mañana algo nuevo, de cada tarde una sonrisa inagotable y sincera, de cada noche un cálido recuerdo lleno de eso fuego que decía no poseer, pero la invadía por mucha resistencia que ella oponía.

El día casi había pasado, por lo que veía, nadie había notado su nerviosismo constante tras las palabras que no dejaban de acosarla, una y otra vez recorrían su mente como manos acariciando su cuerpo, sentía que mientras más recordaba aquella conversación, mas desnuda estaba. Comenzó a sentir que las personas notaban su desnudes, el rubor ya se estaba notando en su rostro y la temperatura parecía estar elevándose. Miraba las ventanas del vagón al que había subido para llegar a casa, y todas se encontraban abiertas, el aire acondicionado funcionaba perfectamente, incluso al mirar a las personas las veía con algo de frio; pero ella no, ella tenía calor, al compás de cada palabra sentía más y más calor, su respiración se agitaba, su rostro se enrojecía y su pecho ardía, su cuerpo temblara, pero quería creer que se debía a algo que comió y le hizo mal – sí, eso debe ser- se dijo queriendo engañarse, pero sabía perfectamente que lo que le sucedía en ese momento no era más que el hecho de que se había dejado envolver en esa palabras como si él estuviera con ella en ese momento, en el metro, desnudándola frente a todos como si la vergüenza no existiera. El tren se detuvo, era la estación donde debía bajar, tomó sus cosas y rápidamente sale de ahí queriendo llegar a casa para que nadie notara lo que le pasaba, llegó corriendo a casa y temblando saca las llaves de su cartera, ni siquiera sabía cuál era la llave y durante unos segundos más de lo habitual estuvo en la puerta intentando entrar, la ven y la saludan, pero ella nerviosa solo asiente con la cabeza mientras arroja una sonrisa fingiendo de que todo estaba bien.

Al fin logra entrar y la mamá la espera con la paciencia y el cariño de costumbre, no le podía hacer el quite a la cena familiar, ahora una nueva aventura se aproximaba tratando de evitar que su familia, quienes más la conocen en el mundo, notaran algo extraño en ella, se sentó a la mesa luego de besar al papá, pero hasta eso le revolvía todo; su padre, una imagen masculina que le recordaba solo por el hecho de ser hombre al creador del caos que estaba sintiendo, preguntándose si el aroma de aquel muchacho sería similar al de su padre, o realmente como sería: dulce, ácido… - ¿olerá a bosque?- se preguntó- a él le gusta la naturaleza- pero solo fueron segundos pues por poco y descubrían que no estaba como habitualmente. Se sentaron a la mesa mientras conversaban de su día, la mamá hablaba de una teleserie de la tarde y de lo que hablaban en el negocio de la esquina cuando fue a comprar, el papá hablaba de lo duro del trabajo y ambos sobre cómo estaba el país en este gobierno, pero ella no escuchaba nada, solo oía una y otra vez esas palabras de la mañana antes de salir, ¿Cómo?, ¿Cómo podían esas palabras, nada fuera de lo normal, si nos vamos al hecho de que era hermosa , siempre recibía halagos y propuestas serias y no tan serias por hombres de todo tipo, y cada uno no lejano como este muchacho, todas eran ofertas que se podían cumplir con el solo hecho de decir que si, esas palabras, las más distantes de todas, conmover tanto su mundo haciendo que el día solo de redujera a pensar en él, en sus palabras en cómo sería si…?. El nerviosismo fue tanto que no notó a la primera oportunidad que le estaban preguntando algo, pero rápidamente luego de escuchar lanzó un comentario de lo primero que se le vino a la mente, referente a su trabajo… -mucho trabajo por lo visto- dijo el papá, pero la mamá la miro algo más condescendiente y sonrío de una manera tan sutil que nadie pudo fijarse o distinguirla.

-Gracias por todo- dijo y se retiró a descansar.

La mamá, mirando a su esposo le dijo –déjala, ha tenido un día de locos.

Ella subió su habitación y mientras preparaba sus cosas para el día siguiente y se alistaba para ir a ducharse, no podía evitar fijarse en el espejo, mirarse cuidadosamente cada línea de su cuerpo, de su cabello largo y sus ojos grandes y llenos de luz, de pensar en palabras que ese muchacho le decía en conversaciones, y sin darse cuenta lo vio en el espejo detrás de ella, acariciándola, besando su cuello y mientras miraba al espejo para cruzar una mirada llena de vida decirle al oído cuanto la amaba. En qué momento dejó de ser imaginación y pasó a ser algo mas no lo recuerda, pero durante minutos sintió sus manos acariciarla, recorrer sus piernas con suavidad, sus pechos como si sus manos solo fueran una brisa cálida que la envolvía, sentía su respiración en su rostro mientras el rubor recorría sus mejillas y sus manos jugaban a tocarlo y no querer soltarlo más. Cuando volvió en sí, ya estaba temblando una vez más y el calor que sentía era inmenso, menos mal, pensó ella, que nadie entraba a su cuarto para ver la escena que recién había ocurrido en su habitación. La ducha estaba lista, el agua tibia como a ella le gustaba, encendió los inciensos que de costumbre encendía para la hora de su baño y puso un poco de música para distraerse, el agua comenzó a caer sobre ella cubriendo cada espacio de su piel, mientras se recorría con sus manos y quitaba el jabón de su cuerpo y el shampoo de su cabello, tal vez por el ambiente, tal vez porque no se lo quitaba de la cabeza aún, quien sabe… ella recorriéndose nuevamente lo volvió a imaginar, más cerca, más suyo, no se contuvo para sentirlo mientras el agua era testigo de esos deseos que se esforzaba tanto en ocultar; ahí nadie sabría, y el agua se llevaría toda huella de su más grande secreto. No se detuvo hasta casi caer por la debilidad de sus piernas en ese momento. Salió de la ducha se secó y - aquí nada pasó- se dijo ella, creyendo que era así de simple.

Se conectó para ver si había algún mensaje, pero al mismo tiempo no quería leerlo en caso de haber, pensaba que si le contestaba enseguida demostraría un interés del cual él podría aprovecharse y eso jamás ella lo permitiría. Respiró, leyó algunas cosas, revisó su página, para saber si estaba bien, escuchó música y rió con amistades hasta olvidar por unos minutos todo lo que durante el día la había envuelto… -ya estoy mejor- se dijo, y decidió ir a dormir, con un poco de sueño puso música, algunos temas que había visto en la página de él, que él decía le ayudaban a calmar las ideas, pero a pesar de que la música era, tal vez ideal para calmar ideas, no era la indicada para la ocasión pues le trajo en segundos nuevamente la imagen del joven y cada una de sus palabras. Acurrucada abrazando a la almohada con todo su cuerpo, lo imagino nuevamente, junto a ella, cara a cara, diciéndole las palabras que repetidamente recordó durante todo ese día, ya ahí imaginado junto a ella, lo desnudó con sus pensamientos y decidió hacer lo mismo, apretaba la almohada como si fuera el cuerpo de quien no quisiera dejar ir jamás, abrazaba la almohada como sintiendo su espalda, su cuerpo casi sobre ella, llenándola de lo que en ese momento quería, usó sus manos como una extensión de él y mientras sentía que el cielo llenaba su cuarto, mientras sus oídos solo sentían un éxtasis de melodías, como tal vez un clásico de Mozart o Beethoven, miles de imágenes pasaron frente a sus ojos cerrados y en todas ellas se encontraban juntos , apasionados, libres. Mientras más su imaginación proliferaba, mas sus manos y su cuerpo se estremecía ante lo que ya en ese momento era la personificación del deseo. En un acto rápido y silencioso mordió la almohada mientras su cuerpo temblaba una y otra vez, mientras las imágenes explotaban en su cabeza, mientras todo en su habitación se transformaba. Se quedó dormida con cada palabra resonando de fondo como susurro, y las imágenes que había creado, como móvil de bebé girando en torno a ella, durmió como muchas veces hubiese querido y al mismo tiempo deseando a ratos que se volviera real. Digo a ratos, porque a pesar de la inmensa sonrisa con la que despertó, una que iluminaba más aún que el sol, ella no se podía permitir ceder ante nadie, ni ante él, que lo deseaba desde 
más profundo.

jueves, 13 de agosto de 2015

Ineludible~




Aún no sabía bien como había llegado a orillas de aquel lago, pero si de algo se sentía seguro, era de haber estado ahí antes. Recordaba el pequeño muelle donde un par de botes anclados esperaban ser usados por algunos pescadores aficionados, o más de alguna pareja que enamorada decide liberar sus sentimientos a la luz de la luna.

La noche estaba como muchas otras en aquel lugar: aguas en calma, cálida temperatura, y una noche iluminada por el brillo de la luna siendo coreada por una danza estelar espléndida. Del todo aún no creía estar ahí, ni mucho menos que ese día ya hubiera llegado, como si todo su alrededor le ofreciera una sinfonía al compás de las suaves olas meciendo los botes, del silbido sutil del viento acariciando las ramas de los árboles, y las criaturas que allí vivían, le entregaban a Akin aún más esperanzas de que la promesa hecha tiempo atrás se cumpliría. Ilusionado como un niño corrió en dirección a la cima de un monte desde el cual se podía ver todo el lugar. En esa cima, decía él, los sueños se harían realidad.

Cada paso lo llenaba de regocijo, porque sentía haber esperado tanto por ese momento, tanto que ya ni recordaba que fecha era, en ese momento no podía ver más allá del presente, de ese momento en que después de tanto tiempo, podría mirar nuevamente a Bishr, una muchacha dulce, alegre, sencilla e inmensamente bella; de piel blanca y suave, cabello oscuro que la hacían muy atractiva por su contraste, y esos ojos tan profundos y brillantes que el mismo cielo nocturno le podría envidiar.

Cuando llegó al lugar donde habían prometido reunirse y no ver ahí a tan anhelada mujer, sintió que el universo quebraba en llanto, no podía contener su pesar y sus piernas no resistieron dejándolo caer sobre sus rodillas. Sabía que eso podía pasar, pero realmente esperaba que no fuera ese el resultado, miró hacia el lago y más allá, buscando en el horizonte poder verla por lo menos reflejada en las estrellas, deseando que si la razón de no haber llegado era que ella ya lo había olvidado, por lo menos esperar que fuera completamente feliz como siempre la quiso ver. Su mirada se perdió en el horizonte cegando sus sentidos por esos pensamientos hacia ella, no permitiendo que escuchara suaves pasos que se acercaban a él, tan absorto estaba que no pudo distinguir nada hasta cuando los pasos ya estaban encima, y más aún, creía que su deseo de verla le estaba jugando una mala pasada. Pero al oír un susurro cerca de su oído diciéndole "estoy muy feliz que vinieras", su corazón y sus sentidos se volvieron locos provocando que de un salto se pusiera de pie y girara para ver lo que tanto había deseado.
Ambos se miraron y sus miradas se perdieron en los ojos opuestos, formando una sonrisa iluminada en sus rostros, al fin estaban juntos después de tanto tiempo. Un abrazo siguió a aquella sonrisa y las palabras comenzaron a sobrar, él si estaba ahí era porque había logrado vencer a cada uno de los demonios que se le revelaron, y ella por otro lado, había podido conseguir ver el crecimiento y los frutos de las semillas que con tanto esfuerzo se dedicó a sembrar. Ya no era necesario saber más, lo único que les importaba era que ambos se encontraban ahí, cara a cara, cuerpo a cuerpo, enfrentándose, buscándose, deseándose en el más puro sentimiento.
De los ojos de ella brotaron lágrimas tan brillantes como las mismas estrellas, lo cual él miró entendiendo que ya no era prisionera del hielo, él tampoco pudo contenerse al ver esto pues comprendía la lucha por la que tuvo que pasar para conseguir su libertad. Y lleno de alegría la abrazó, dejando salir lágrimas similares a las de ella. Aunque la abrazó para ocultarlas, ella sabía que eso era un buen augurio, símbolo de la victoria sobre los demonios y el resultado de aquellas batallas, él estaba ahí, junto a ella, que podía ser mejor?

Fue entonces cuando ese abrazo, invocación al mismo paraíso según ellos, abrió las puertas que guardaban todos los besos y caricias guardadas durante tanto tiempo. Las ropas de Bishr, cual flores se abren ante la presencia del sol, fueron abandonándola dejando su cuerpo cubierto por su hermoso y largo cabello, además de los brazos de su amado, él siguió el mismo camino quedando a la par con la mujer que había soñado por siglos, suavemente se dejaron caer sobre sus ropas como quien deja caer una pluma. Ya no se podía distinguir claramente donde comenzaba uno y terminaba el otro, sin hablar se decían todo lo necesario dejando que sus cuerpos y corazones hablaran por ellos. Sus pieles se plegaban al ritmo de cada movimiento, se recorrieron como si buscaran conocerse completamente, dejando brillar la luna en la alba piel de Bishr envuelta en la algo más oscura piel de Akin.

Ni la imaginación más prolífera podría haber imaginado lo que allí pasó, pero bañados por una brisa susurrante y con la luna y las estrellas de testigos, comenzaron a vivir de ese amor que se habían guardado.