![]() |
| (imagen al azar, sacada de internet) |
-busco a Mariana- dijo
y en ese momento una morena de ojos de aceituna se levanta y se acerca diciendo - tu eres el amigo de…
-si- dijo interrumpiéndola.
En ese momento ella le indicó que la siguiera y caminó hasta llegar a unas escaleras y subir por ellas, el lugar a la verdad era bastante bonito, muy bien decorado, hasta el aroma era muy placentero: siguió uno a uno sus pasos preguntándose si realmente eso era lo que quería, pero ya estaba ahí y no era de aquellos que daba vuelta atrás, mucho menos después de estar tan inmerso en su cometido. Siguió avanzando, recorriendo los mismos pasos de su anfitriona, hasta llegar a una puerta que suavemente ella abría y le decía que se acomodara para comenzar a lo que iban. Sin pensarlo, dejó los bolsos de lado lentamente para que no se le notara nerviosismo, lo mismo hizo al quitarse la gorra y acomodarse en el lugar que ella con sus manos armoniosas y de apariencia frágil. Ya viéndolo algo más relajado, ella decidió preguntarle qué es lo que le gustaría y durante unos minutos mantuvieron una conversación de lo que en aquel lugar sucedería.
Mientras avanzaban los minutos y el lugar comenzaba a sentirse más abrigado, cálido como un lugar familiar, tal vez por el aroma ya que a él desde pequeño que siempre le gustó la miel y ese lugar tenía ese mágico aroma que le recordaba incluso su infancia, su primera locura pasional, tantas experiencias con la miel como testigo, que dejó de sentirse nervioso y se fue entregando en manos de una mujer con piel canela que suavemente se acercaba… El calor se sentía, su rostro de a poco se acaloraba y volvía a su temperatura normal, o por lo menos eso creía. Las manos de ella eran tan suaves mientras lo tocaban, sentía como si estuviera siendo envuelto por una seda tibia y aromática.
Ni idea como pasó el tiempo, mucho menos de como ella logró hacer de ese momento algo digno de ser recordado, pero como todo negocio tiene un límite y esta no era la excepción… Ella se levantó, ordenó algunas cosas y dijo que lo esperaría en donde debería pagar por todo. Mientras él se vestía, se miraba al espejo para ver si encontraba algo diferente, se preguntaba si al salir de ahí se notaría que ya no era el mismo que entró. Pasaban tantas cosas por su cabeza, entre que dirían si lo vieran quienes lo conocían hasta las expectativas referentes al ego por lo que acababa de hacer, mientras pensaba en todo eso se arregló, tomó la gorra y sus bolsos, se ordenó la ropa un poco y se amarró el cabello, se aseguró de que no se le olvidara nada y bajó donde estaba la mujer con piel canela, la miro, recibió un papel de sus manos y se despidió agradeciendo por todo. Abrió la puerta para retirarse y las calles parecían el doble de recurridas de lo que estaban antes de entrar, pero ya recordaba la sensación, sabía entonces cómo comportarse pues el paso ya estaba dado y el acto estaba finalizado. Respiró y mientras salía encendió un cigarrillo, que tranquilidad, ya había pasado por algo que durante horas lo inquietaba, no sabía si había hecho bien o no, solamente sabía que se sentía bien, sentía calma en sus ideas, en la forma habitual de ser, hasta en su respiración… Sus pasos, ligeros como si flotara, acompañando con su ritmo a su silueta envuelta en el humo del cigarrillo le daban un aire de misterio a sus ideas, su mirada se veía como si estudiara el universo en una ojeada: Y mientras acaba su cigarrillo, mirando a su alrededor durante una intensa inhalación del mágico aire del puerto se dice con seguridad – seguiré viniendo, con una sonrisa de satisfacción en su mirada.
"Una Visita a la Barbería"
