domingo, 30 de agosto de 2015





Nada pudo evitar que sintiera tal atracción cuando lo miró por primera vez, fue como amor a primera vista. Los instantes posteriores fueron como una película en cámara lenta, pues cada paso se vivía con esplendor, con esa sensación que quema el pecho e invade la mente de muchos artistas. Cuando ya el contacto fue evidente, ella acarició suavemente su cubierta queriendo lograr una conexión con él y como si fuesen hechos el uno para el otro, ella sintió aquella melodía que le indicaba que no se había equivocado... Por cada decisión que tomaba, buscaba sentir en su interior un símbolo de que hacía lo correcto y ya con el tiempo ese símbolo se transformó en una melodía tan suave e hipnótica que sentía que el paraíso se acercaba a ella... Sin querer parecer osada lo llevó a su hogar, queriendo hacer de su compañía una frecuente fuente de alegría y satisfacción. Con el paso de los días, llegaba de su trabajo anhelando poder desnudarse antes sus palabras, sentir que volvía su vida con cada frase que de él recibía, sentir su textura y en la intimidad de su cuarto, donde sólo existían ellos, donde el universo se transformaba a su gusto, donde no habían limites que pudiesen impedir su placentera felicidad... ella dejaba notar un leve sonrojamiento en sus mejillas como quinceañera enamorada, y sus ojos brillaban como si en ellos el mismo cielo se posara con sus millares de estrellas... la pasión que emanaba de su piel y su mirada eran tan abismante que cualquiera que la mirara quedaría consumido ante sus ojos, su piel suave y su cabello que danzaban al compás de la música que usaba de fondo para este tipo de ocasiones, pues siempre decidida pensó en hacer las cosas y hacerlas bien... por eso cada segundo de su vida lo vivía con absoluta pasión, ya que sentía en su corazón que sólo así se debía vivir... y aquel libro, libro que vio en una vitrina, libro que encontró en un suspiro de su dolor, que la acompañó a su hogar, se había transformado en el comienzo de su nueva felicidad. 

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